¿QUIÉNES SOMOS?

El blog "En los zapatos de mi hij@ adolescente" ha sido elaborado con la misión de ayudar a padres y madres de adolescentes a comprender mejor a sus hijos/as: los cambios que están viviendo, sus nuevas relaciones, a qué dedican su tiempo de ocio...
El equipo profesional que gestiona esta plataforma está compuesto por dos profesionales de la psicología, un profesional de trabajo social, y un profesional de educación social.

sábado, 8 de junio de 2013

Las pisadas de hoy: AFECTIVIDAD Y RELACIONES DE PAREJA

¡Mi padre no quiere que salga con chicos!

Necesito contar mi historia porque ya no sé a quién acudir. Tengo 16 años y no sé qué me pasa últimamente, si son las hormonas como nos dicen en el instituto o soy yo…pero no me siento comprendida como mujer. En mi casa me siguen tratando como si fuera una niña, como si mis gustos, y deseos siguieran siendo exactamente los mismos que hace cinco años. Mi padre se cree, o más bien, le gustaría, que yo siguiera jugando con mis muñecas y no saliera con chicos. Cuando salgo con amigas no se arma tanto en casa, pero cuando digo de salir con algún amigo chico…es entonces cuando mi padre busca cualquier excusa para no dejarme salir o intentar que no salga; “debes estudiar para el examen de la semana que viene”, “dijimos de ir a ver a la abuela”... Estoy cansada de discutir, y he decidido mentir y no contar nada de chicos en casa. Hace un par de meses que estoy saliendo con un chico de un curso mayor, en mi casa no quiero decir nada porque si mi padre ya se ponía como se ponía cuando simplemente salía al cine con amigos… ¡¿qué pasaría si le dijese que tengo pareja?! Creo que él piensa que aún no tengo deseos sexuales, y que los chicos no me llaman la atención más que para amigos…pero no es así, yo ya me siento una mujer y me gustaría dentro de un tiempo compartir experiencias sexuales con mi chico. Mi problema es que con mi madre sí tengo confianza, y siempre le he contado todo, menos esto. No lo he hecho por miedo a que se lo cuente a mi padre y éste no me deje salir o invente algo para que termine la relación con mi chico. Pero me encantaría poder hablarlo con mi madre y que antes de que pasara algo más entre mi chico y yo,  mi madre me aconsejara. No sé qué hacer L Necesito ayuda por favorrrrrrrrrrrrrrrrr

Huellas para comprender. El acoso escolar.

Para los adolescentes, el paso de Primaria a Secundaria supone un importante cambio. Las aulas del instituto suelen infundir a la mayoría de l@s jóvenes una menor percepción de seguridad, en relación a la que tenían en su colegio de Primaria. Se trata de una sensación, en general subjetiva, que en la mayoría de los casos desaparece pronto ante una la adaptación progresiva del escolar al nuevo entorno educativo. Pero en ocasiones, esta adaptación no sucede tal y como se espera, y esa menor percepción de seguridad con la que entraron en el nuevo ciclo educativo no desaparece, sino que decide quedarse. Una de las razones por las que puede aumenta esa percepción de inseguridad tiene que ver con el hecho de que las relaciones con sus iguales no sean tan buenas como esperaba que fuesen, llegando incluso a verse envuelt@ en una espiral de acoso de la que difícilmente podrá salir sin ayuda.

El acoso escolar o bullying es el maltrato físico y/o psicológico deliberado y constante que recibe un/a niñ@ por parte de otr@ u otr@s, que se comportan con él/ella cruelmente con el objetivo de someterl@ y asustarl@. 
Desgraciadamente el bullying está presente en todos y cada uno de los institutos de Educación Secundaria de nuestro país, y estos episodios de maltrato son sufridos por un nada desdeñable número de escolares.
Otro dato importante a tener en cuenta, es que sólo la mitad de los padres de alumnos acosados saben que sus hijos son víctimas. Así, por el hecho de que nuestro hijo pueda sufrir maltrato en el colegio, y las devastadoras consecuencias que a veces ello supone, es importante prestar atención a determinados signos o claves que podrían delatar o proporcionar “pistas” de la presencia de acoso:
  • Cambios en el comportamiento del niñ@, principalmente cambios de humor.
  • Tristeza, llantos o irritabilidad.
  • Pesadillas, cambios en el sueño y/o apetito.
  • Dolores somáticos, dolores de cabeza, de estómago, vómitos...
  • Pierde o se deterioran de forma frecuente sus pertenencias escolares o personales, como gafas, mochilas, etc.
  • Aparece con golpes, hematomas o rasguños y dice que se ha caído.
  • No quiere salir ni se relaciona con sus compañeros.
  • No acude a excursiones, visitas, etc. del colegio.
  • Quiere ir acompañado a la entrada y la salida.
  • Se niega o protesta a la hora de ir al colegio.
Realmente no resulta fácil conocer ese tipo de problema en nuestros hij@s, porque generalmente, intentan por todos los medios, que el asunto pase desapercibido. Tienen mucho miedo a su agresor/a, y piensan que si dicen algo en casa, las represalias del atacante serán aun peor. Otras veces no lo cuentan en casa por vergüenza, o porque temen una reacción de sus padres indeseada, como que le echen en cara “su cobardía”, o que “tiene que aprender a defenderse solo, porque la vida es muy dura”. Todo se reduce, en realidad a un problema de confianza.
Es imprescindible entonces, es decir, absolutamente necesario, tener una comunicación fluida con él/ella. Al principio, costará, por las razones ya explicadas (tiene miedo a la propia reacción de sus padres, y tiene más miedo aún a la reacción de sus agresores si se enterasen de que ha contado a sus padres lo que la pasa), pero es prioritario conseguir generar en el chic@ confianza suficiente para que cuente todo lo que le ocurre en el instituto, sintiéndose, a la vez, segur@.  En definitiva la clave está en ganaros su confianza respecto a este tema. Con mucho cariño, háganle ver que estáis preocupados porque de un tiempo a esta parte le notáis raro, distinto, infeliz…y sabéis que algo le pasa aunque no sabéis qué exactamente. Recuérdenselo a menudo y plantéenle si tiene problemas en el colegio con algún profesor o con algún compañero. Ofrézcanle su ayuda y asegúrenle que no tomarán ninguna decisión sin contárselo a él. De esta forma comprobaréis como acaba contando lo que le sucede, pues seguramente será el primer apoyo que en mucho tiempo ha recibido, y verá el apoyo incondicional que le estáis ofreciendo como el punto de arranque para solucionar el problema.
Una vez reconocido el problema, será el momento de entrevistarse con el director/a del centro o con la jefatura de estudios para plantearle el problema y buscar una solución lo antes posible.
Nos gustaría acabar la sección con una perspectiva más positiva y resaltar que a pesar de lo expuesto, tampoco conviene angustiarse y alarmarse, porque la incidencia de acoso escolar realmente grave por su frecuencia e intensidad es sufrido por pocos escolares. Con esta sección lo que pretendemos es trata de impedir con antelación, que ese porcentaje de alumnos de entre 12 y 18 años que se ven involucrados en casos de abusos, acaben inmersos en incidentes realmente graves por el desconocimiento de los padres sobre esta realidad.

Las pisadas de hoy: ACOSO ESCOLAR

 Estoy desesperado y no sé a quién recurrir para desahogarme. Creo que nadie de los que me conocen me van a prestar atención a lo que les cuente, así que he decidido escribir aquí para que alguien me ayude a solucionar mi problema.
Este año nos han cambiado de la escuela al instituto con más niños de otros pueblos. Estábamos en el salón de actos cuando sin ningún sentido los niños que se encontraban a mi espalda empezaron a tocarme el pelo, la espalda… Yo sabía que eso sería uno de varios abusos y tonterías que empezarían contra mí. Y así fue, siempre que me encuentran me molestan y me dejan atemorizado. No llegan nunca a pegarme, pero todo lo que hacen, por poco que sea hace que tenga un terror psicológico que me hace quedarme paralizado y al rato estar deprimido, porque no sé qué puedo hacer, no sé qué más me puede llegar a pasar, y si esta situación irá a más. Me siento triste y abandonado, sólo tengo ganas de llegar a casa y encerrarme en mi habitación. Muchas noches lloro y si intento coger un libro para estudiar y así estar pendiente de otra cosa soy completamente incapaz, no puedo concentrarme.
Mis padres me ven triste y lo vieron muy claro cuando hace unos días en una boda, estaba con mis primos y por un momento, desde hacía dos meses estaba contento y jugando con ellos, pero al rato me alejé, me senté en una sala dónde no había nadie y me puse a llorar desconsolado. Cuando mi madre me encontró se preocupó y ahora dice que va a ir a hablar con los profesores ya que yo no le cuento nada. No sé si contarle lo que me pasa, tengo miedo a que mis compañeros se enteren y la cosa vaya a más. ¿Qué haríais en mi lugar?



Huellas para comprender. La importancia del grupo de pertenencia.

Durante la adolescencia, el grupo de iguales cobra una importancia crucial en el desarrollo del menor. Constituyen una plataforma que permite al chico/a participar en la sociedad desde un marco novedoso. Antes, la mayoría de la actividad social del niño/a se circunscribe al marco de la familia. Ahora, el grupo de iguales se constituye como un espacio desconocido, en el que pueden darse relaciones diferentes, y en el que el poder se conjuga de otra manera: ya no va sometido a la autoridad paterno-materna.
Pertenecer a un grupo ayuda al adolescente a construir la propia identidad. Por un lado, les permite decidir “qué no quieren ser”. Por otro, les proporciona sentimientos de identificación con las personas que han elegido el mismo grupo que él/ella. Así, la “guerra oculta” que se describe en este patio de instituto responde en realidad a la acción de “marcar el territorio”, análoga a la orina de los perros, prácticamente. Cada grupo se reconoce porque comparte una serie de características comunes. A sus propios ojos, unos se creen muy diferentes de los otros/as. Así, dentro de los hipster, ellos/as mismos/as entenderán que el estilo de Fulanito es muy diferente al de Menganito. Sin embargo, a los ojos de otros grupos, todos ellos/as se parecen muchísimo.

Por otro lado, dentro de cada grupo se dan sus propias reglas, rituales y símbolos. Puede parecer una obsesión que nuestro hijo/a adolescente nada más que quiera calzar Vans. Sin embargo, en su pandilla es un elemento definitorio. Es un símbolo que se asocia inconscientemente con la pertenencia a dicho grupo. Las normas que estructuran el funcionamiento del grupo adolescente normalmente tienen un carácter implícito (es decir, no se definen de forma concreta y hablada). Por ejemplo: es un ritual que el grupo de deportistas dedique el recreo a jugar al fútbol. No es obligatorio, pero es un rito central en el dinamismo grupal. De este modo, si un adolescente perteneciente a este grupo no quisiera jugar al fútbol en el recreo, acabaría siendo expulsado del grupo. No comparte el ritual más importante con el resto de chicos/as, y al final dejarían de considerarlo un miembro del grupo. Entre otras cosas porque físicamente no estaría interactuando con ellos durante el tiempo de ocio del recreo.
Es más fácil si entendemos cada uno de los grupos prácticamente como una microsociedad. Probablemente cada grupo incluso tenga un código específico para comunicarse. Así, habría que manejar vocabulario informático, de videojuego y de cine para hablar con los “frikis” de la historia. O, parodiándolo un poco, habría que añadir coletillas tales como “osea”, “es lo más” y expresiones similares para ser reconocido como miembro del grupo de las pijas.
Llegados a este punto, resulta más lógica la necesidad imperiosa de nuestro hijo/a adolescente por pertenecer a un grupo. Éste les viene bien para aprender  a relacionarse con iguales. Las pequeñas luchas de poder o de lealtades se configuran como los primeros contactos con la estructura social (así, si nuestro hijo/a viene contando su pelea con nosequién, o que tal otro/a le ha dejado de lado, puede leerse desde esta perspectiva, en vez de una simple “pataleta de críos”).


El grupo es bueno para el desarrollo adolescente. Eso sí, hay que elegir un grupo que favorezca el desarrollo positivo del menor. Dejar que el chico o la chica salga y entre con los amigos es una forma de educación importantísima para el crecimiento y el aprendizaje social. Y, en el caso del adolescente que cuenta que está solo, hay que animarlo para que se junte con alguien. ¡Seguro que hay más chicos/as solos/as en el patio! Quizá acercarse un día al tal Rafa, y preguntarle por el examen de la hora anterior sería un buen elemento común desde el que empezar a construir (inconscientemente) toda una cultura grupal…

Las pisadas de hoy: LAS PANDILLAS Y LOS AMIGOS

El instituto es muy duro. No hablo de los exámenes: más o menos estudio, y apruebo bien.
Sin embargo, lo que me preocupan son los recreos. A veces me veo solo, y deseo con todas mis fuerzas que se acabe pronto, porque odio que todo el mundo me vea dando vueltas solo por el patio. Muchas veces me pongo con el móvil, sentado en las gradas. En realidad juego a Angry Birds, aunque tengo la esperanza de que todos piensen que estoy wasapeando con alguien. Sería menos patético.
Digamos que el instituto puede analizarse perfectamente en el patio del recreo. En ese momento se ven justamente los grupos que existen. Como siempre ando con la cabeza gacha, he aprendido a distinguir a las personas por sus zapatos.
Así, están los deportistas, que siempre llevan zapatillas de deportes. Ellos pisan fuerte el suelo. Tienen las piernas fuertes de jugar al fútbol, y las chicas dicen que están buenos, y les hacen caso. A veces van a verlos jugar.
Luego están los guiris. Van en sandalias todo el año, incluso en Enero. Van siempre muy juntos a todos lados, y hablan todo el tiempo en inglés. Ni siquiera soy capaz de entender sus conversaciones, a pesar de aprobar inglés con buena nota.
Después están las pijas. Son guapas, andan siempre con tacones o con cuñas, y caminan en línea recta. La gente se aparta para dejarlas pasar. A veces para mirarlas. No son mala gente, lo que pasa es que hablan todo el tiempo de ropa, y de chicos (que suelen ser del grupo de los deportistas). Se ríen muy alto, y se sientan en el banco central del patio. Parece que les gusta ser el centro de atención.  De ese grupo, me cae genial Sandra. Es lista, simpática conmigo (se sienta a mi lado en geología) y tiene el culo más bonito que he visto nunca. Así, respingón.
Después están los hispter. Tienen ropa bonita, y mucho estilo vistiendo. Van a clase en monopatín o en patines. Se ponen juntos en el recreo, y se dedican a subir fotos a Instagram o a escuchar música en el Ipod. Los reconozco porque suponen la mayor concentración de Vans y Converses de todo el instituto.
Luego, en la esquina van los frikis. No frikis en plan despectivo, sino que se autodenominan “frikis”. El año pasado se hicieron una camiseta que ponía “Frikis del mundo, uníos”. Juegan al pingpong y hablan de World of Crafts y de la peli del Hobbit. Durante un par de recreos me junté con ellos, pero al final estaba igualmente solo: llega un momento en que la conversación me aburre enormemente.
Y luego están los empollones, como yo. Los profesores nos adoran, y en el patio nos castigan por ser demasiado listos. A mí por lo menos me dejan en paz. La semana pasada los deportistas le pegaron un balonazo a Rafa y le rompieron las gafas. Dijeron a la profesora de guardia que fue sin querer, pero yo sé que fue el castigo por llevar el trabajo para subir nota a Química.

Escribo aquí como podría escribir en cualquier otro lado. De hecho, ahora mismo estoy en el recreo, contando mis cosas en este blog que me he encontrado, y deseando que la gente crea que hablo con alguien por chat. Tal vez, una novia secreta que estudie en otra ciudad… Y que esté increíblemente buena.

Huellas para comprender


Las pisadas de hoy: CAMBIOS FÍSICOS DURANTE LA ADOLESCENCIA

Odio mi cuerpo.
Últimamente evito mirarme al espejo. Me veo demasiado alto para tener 13 años. Se me han quedado cortos los pantalones, y de repente mi cara está llena de granos. Eso es lo peor: los granos. Los tengo por toda la frente y la nariz. A veces me sale uno exageradamente grande, y me lo exploto (aunque mi madre me dice que me esté quieto, que se me quedarán cicatrices, ella no entiende lo que es ir al instituto con eso en la cara).
El otro día me llamaron Ferrero Rocher. Fue el imbécil de Antonio, que como él no tiene acné… Le di un empujón y lo tiré al suelo. No quería ser tan bruto, pero es que no controlo mi fuerza. Eso no está tan mal: soy el más alto y el más fuerte de la pandilla. Mi padre me ha prometido que cuando cumpla 15 podré apuntarme al gimnasio: me podré petado. Ahora tengo que conformarme con la natación.
Pero tampoco está mal. Me están saliendo pelos, y creo que la tengo más grande. A veces, cuando llaman por teléfono y lo cojo yo, me confunden con mi padre. La voz me va cambiando. Me gusta tenerla grave, aunque a veces me juega una mala pasada y me salen gallos cuando grito.
En realidad, puede que no odie mi cuerpo. Si tan sólo me desaparecieran los granos…

***
Odio mi cuerpo.
Ayer me vino la regla, y estoy amargada. ¡Tengo sólo 11 años! A Raquel también le ha bajado ya, así que la llamé a ella por teléfono. Somos las únicas del grupo que “ya somos mujeres”. Odio esa expresión, y es la que utiliza mi madre cuando quiere hacer referencia a cualquier cosa relacionada con la regla.
Me han crecido los pechos, y me siento muy incómoda. En Educación Física los niños se ríen cuando el profesor nos pone a correr. Me aprieto el sujetador para que no me boten, pero es inútil. Me he empezado a depilar las piernas. Es un rollo, pero me gusta como quedan: suavitas. Raquel dice que le encantan mis piernas, que son como de una modelo. A mí también me gustan, la verdad.
Creo que es lo único bueno de todo este lío de cambios. Porque ni yo me entiendo. Estoy tan normal, y de repente me pongo triste, o me enfado. Hay días en los que me levanto perfectamente. Ahora, otros en los que es mejor ni hablarme.
Aunque, bien mirado, hoy me he levantado bien. No odio demasiado mi cuerpo. Hoy me veo guapa. Creo que llevaré pantalones cortos, y me dejaré el pelo suelto para ir a clase…