Como
ya hemos visto, las relaciones entre iguales cobran mayor importancia en la
etapa de la adolescencia, siendo una influencia alta el grupo de iguales para
todos ellos. Esto no quiere decir que nosotros como padres y madres perdamos
todo poder de influencia en ellos, pero sí podemos pasar a un segundo plano en
algunos aspectos como en el área del tiempo de ocio, moda… Al igual que las
relaciones de iguales ocupan un lugar de preferencia en su vida, es normal que
sus primeras relaciones de pareja también lo hagan.
Es
en la etapa de la adolescencia donde comienzan a sentirse atraídos/as por el
sexo opuesto y tienen la necesidad de experimentar durante los años de
adolescencia. Tener un acercamiento temprano a la sexualidad, puede conllevar
ciertos beneficios. Diversos estudios muestran como el desarrollo psicológico y
emocional posterior a la adolescencia es mejor en los adolescentes que ha
contado con experiencias y acercamientos sexuales en tempranas edades de la
adolescencia. Esto es, los adolescentes que cuentan con experiencias sexuales a
temprana edad, muestran un mejor desarrollo psicológico y emocional en su
adultez.
Es
conveniente que seamos capaces de afrontar estas situaciones tratando de
mostrar empatía con nuestros hijos/as, y abriendo el camino al diálogo para ser
capaces de aconsejar adecuadamente. La educación sexual es necesaria en todas
las etapas de la vida. Pensemos que nuestros hijos/as no sólo están pasando por
una serie de cambios desconcertantes para ellos, sino que además deben ser
capaces de aceptarlos y conocerlos, y todo ello con nuestra ayuda les puede
resultar mucho más fácil.

La
educación sexual comprende muchas cosas: hablar sobre las relaciones de pareja,
cómo debe ser el trato entre dos personas que se quieren, nuestra idea del
amor, la expresión de afectos, la expresión de enfados y desacuerdos; hablar
sobre las relaciones humanas, el respeto, las emociones; hablar sobre los
cuerpos, sus cambios con el tiempo, las características de los cuerpos de mujer
y de hombre, la belleza que tienen todos los cuerpos y el valor de su
diversidad; hablar sobre la sensibilidad de la piel, y que la sexualidad está
repartida por toda su superficie, no sólo está en los genitales.
También
es educación sexual contribuir a que nuestro hijo se sienta querido y por tanto
aprenda a quererse, promoviendo su autoestima y su autoconocimiento emocional.
Es
frecuente que los adolescentes teman que sus padres “le den la brasa” cuando
hablan de estos temas, o los traten como a niños pequeños que no saben nada.
Podemos, por ello, generar cierta complicidad: no hablarles como si no supieran
nada y nosotros fuésemos a descubrirles todo (por ejemplo, podemos comenzar
diciendo: “Esto seguramente ya lo sabrás tú…”, aunque pensemos que no lo
saben). También es cierto que algunas cosas ya las sabrán, y por ello, conviene
reconocérselas. Si hacemos algún comentario u ofrecemos alguna explicación, es
conveniente evitar posteriores “interrogatorios” (“¿y tú qué piensas?” “¿has
hecho algo ya?” “¿tienes novio/a?” “¿sales con alguien?” “¿qué hacen los/as
chicos/as de tu clase?”…). Los adolescentes y las adolescentes a veces no
hablan con las madres o padres porque temen que después de una explicación
sobre sexualidad, vendrán muchas preguntas sobre su vida, experiencias u
opiniones. Y en muchos casos, evitan por ello las charlas familiares sobre el
tema. Durante esta edad se desarrolla mucho pudor. Pudor por el cuerpo pero
también por las ideas. Es un pudor pasajero, pero hay que respetarlo, y por
ello, no tratar de “forzar confidencias”. En esta edad, es más importante que
aprendan a escucharnos a que nos cuenten.
Es
importante hablarles sobre la igualdad de género referidas a las relaciones de
pareja en este caso, la educación en igualdad es igual de relevante que una
buena educación en sexualidad para nuestros hijos/as. Para ello, incluimos una
guía de prevención de violencia de género dirigida a adolescentes que se pueden
descargar en este blog, y que les puede facilitar mucho el trabajo.
En
el caso de que nos pregunten y no sepamos responder, podemos decir “no lo sé”.
Lo importante es que vean la voluntad de atenderlos. También se puede aplazar
una respuesta, y atenderla más adelante. Igualmente, lo importante es que vean
que “pueden contar con nosotros”. Otra posibilidad es legitimar lo que suelen
sentir a esa edad contando que nosotros a esa edad también teníamos dudas, o
miedos, o vergüenzas. Sería una buena idea, por tanto, fomentar, en la medida
de lo posible, la comunicación y el diálogo en casa. Como también fomentar el
espíritu crítico con respecto a la que ven y oyen (“algunas cosas serán verdad
o positivas para vuestra vida de pareja/sexual y otras no, no hay que creerse
todo lo que sale por televisión o Internet, sino que hay que mirarlo como se
miran otros programas: asumiendo que algunas cosas no serán ciertas”). Si
cuesta sacar el tema, se puede comprar algún libro de educación sexual
apropiado para su edad y regalárselo.
El
objetivo final es que sepan que estamos ahí, abrir la puerta para el diálogo
para lograr aportarles una buena educación sexual a nuestros hijos/as
adolescentes; y ante todo que seamos capaces de reconocer los deseos que
nuestros hijos comienzan a tener debido a su edad. Un adolescente ya no es un
niño/a, así que no los tratemos por igual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario