Para los
adolescentes, el paso de Primaria a Secundaria supone un importante cambio. Las
aulas del instituto suelen infundir a la mayoría de l@s jóvenes una menor percepción de seguridad, en relación a la que tenían
en su colegio de Primaria. Se trata de una sensación, en general subjetiva, que
en la mayoría de los casos desaparece pronto ante una la adaptación progresiva
del escolar al nuevo entorno educativo. Pero en ocasiones, esta adaptación no
sucede tal y como se espera, y esa menor percepción de seguridad con la que
entraron en el nuevo ciclo educativo no desaparece, sino que decide quedarse. Una
de las razones por las que puede aumenta esa percepción de inseguridad tiene
que ver con el hecho de que las relaciones con sus iguales no sean tan buenas
como esperaba que fuesen, llegando incluso a verse envuelt@ en una espiral de
acoso de la que difícilmente podrá salir sin ayuda.

Desgraciadamente
el bullying está presente en todos y
cada uno de los institutos de Educación Secundaria de nuestro país, y estos
episodios de maltrato son sufridos por un nada desdeñable número de escolares.
Otro dato
importante a tener en cuenta, es que sólo la mitad de los padres de alumnos
acosados saben que sus hijos son víctimas. Así, por el hecho de que nuestro
hijo pueda sufrir maltrato en el colegio, y las devastadoras consecuencias que
a veces ello supone, es importante prestar atención a determinados signos o claves que podrían delatar o
proporcionar “pistas” de la presencia de acoso:
- Cambios en el comportamiento del niñ@, principalmente cambios de humor.
- Tristeza, llantos o irritabilidad.
- Pesadillas, cambios en el sueño y/o apetito.
- Dolores somáticos, dolores de cabeza, de estómago, vómitos...
- Pierde o se deterioran de forma frecuente sus pertenencias escolares o personales, como gafas, mochilas, etc.
- Aparece con golpes, hematomas o rasguños y dice que se ha caído.
- No quiere salir ni se relaciona con sus compañeros.
- No acude a excursiones, visitas, etc. del colegio.
- Quiere ir acompañado a la entrada y la salida.
- Se niega o protesta a la hora de ir al colegio.
Realmente no
resulta fácil conocer ese tipo de problema en nuestros hij@s, porque
generalmente, intentan por todos los medios, que el asunto pase desapercibido.
Tienen mucho miedo a su agresor/a, y piensan que si dicen algo en casa, las
represalias del atacante serán aun peor. Otras veces no lo cuentan en casa por
vergüenza, o porque temen una reacción de sus padres indeseada, como que le
echen en cara “su cobardía”, o que “tiene que aprender a defenderse solo,
porque la vida es muy dura”. Todo se reduce, en realidad a un problema de
confianza.
Es
imprescindible entonces, es decir, absolutamente necesario, tener una
comunicación fluida con él/ella. Al principio, costará, por las razones ya explicadas
(tiene miedo a la propia reacción de sus padres, y tiene más miedo aún a la
reacción de sus agresores si se enterasen de que ha contado a sus padres lo que
la pasa), pero es prioritario conseguir generar en el chic@ confianza
suficiente para que cuente todo lo que le ocurre en el instituto, sintiéndose,
a la vez, segur@. En definitiva la clave está en ganaros su confianza
respecto a este tema. Con mucho cariño, háganle ver que estáis preocupados
porque de un tiempo a esta parte le notáis raro, distinto, infeliz…y sabéis que
algo le pasa aunque no sabéis qué exactamente. Recuérdenselo a menudo y
plantéenle si tiene problemas en el colegio con algún profesor o con algún
compañero. Ofrézcanle su ayuda y asegúrenle que no tomarán ninguna decisión sin
contárselo a él. De esta forma comprobaréis como acaba contando lo que le
sucede, pues seguramente será el primer apoyo que en mucho tiempo ha recibido,
y verá el apoyo incondicional que le estáis ofreciendo como el punto de
arranque para solucionar el problema.
Una vez
reconocido el problema, será el momento de entrevistarse con el director/a del
centro o con la jefatura de estudios para plantearle el problema y buscar una
solución lo antes posible.
Nos gustaría
acabar la sección con una perspectiva más positiva y resaltar que a pesar de lo
expuesto, tampoco conviene angustiarse y alarmarse, porque la incidencia de
acoso escolar realmente grave por su frecuencia e intensidad es sufrido por pocos escolares. Con esta sección
lo que pretendemos es trata de impedir con antelación, que ese porcentaje de
alumnos de entre 12 y 18 años que se ven involucrados en casos de abusos,
acaben inmersos en incidentes realmente graves por el desconocimiento de los
padres sobre esta realidad.
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